domingo, 13 de marzo de 2016

Lesson 69. Those noisy strangers

  The 8488 Indian restaurant is called like this after the Everest height in metres. I am not an Indian cuisine big fan but I have to admit its wide carte, good quality and reasonable prices make the restaurant attractive enough and it is worth to try a meal there.

  A friend has freshly gathered us at that restaurant to celebrate her birthday. There was around eight of us looking forward to talking our socks off, laughing like a drain and enjoying the night. These girl escapes are usually so therapeutic that we rarely notice the other customers presence.

  Nevertheless and specially that night, we were rather noticeable, though unwantedly, by the rest of customers who had their dinner discreetly. If someone asked me, I would flatly deny the English are silent, at least at the pub after having a few pints. They are probably more unnoticeable at dinner time and, anyway, we, the Spanish, may become really noisy at any time. So there we were, laughing out loud, raising our glasses again and again, unaware of some people disapproving glances...until we left and one of us did apologise to our next table diners, "Sorry for disturbing you", although honestly I do believe we brightened up their evening.

  I've been told the little Spanish community make our presence known with our noisy style. It's true. In a country where the dogs barely bark and the parents tell off their children in a murmur, our tone of voice while chatting can be certainly annoying. I have a problem: I do speak a lot and I refuse to give up doing it. The only thing that comes into my mind is to pretend I am Italian (LOL!).

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  El restaurante indio 8488 se llama así por la altura del Everest en metros. No soy una gran aficionada a la gastronomía india pero tengo que admitir que su amplia carta, buena calidad y precios razonables hacen al local suficientemente atractivo y merece la pena comer ahí.

  Una amiga nos ha reunido hace poco en ese restaurante para celebrar su cumpleaños. Éramos alrededor de ocho chicas deseando hablar por los codos, partirnos de risa y disfrutar la noche. Estas escapadas de chicas suelen ser tan terapéuticas que rara vez notamos la presencia de otros clientes.

  Sin embargo y aquella noche especialmente, nosotras sí que lo fuimos bastante, aunque sin quererlo,  para el resto de clientes que cenaban discretamente. Si alguien me preguntara, negaría rotundamentees que los ingleses son silenciosos, al menos en el pub tras haber tomado unas cuantas cervezas. Ellos pasan probablemente más desapercibidos a la hora de cenar y, en cualquier caso, nosotros, los españoles, podemos llegar a ser verdaderamente ruidosos a cualquier hora. Así que allí estábamos, riéndonos a carcajadas, brindando una y otra vez, ajenas a las miradas reprobadoras de algunas personas...hasta que nos fuimos y una de nosotras se disculpó con los comensales de la mesa de al lado, "Perdonen las molestias", aunque en verdad yo creo que les animamos la velada.

  Me han dicho que la pequeña comunidad española nos hacemos notar por nuestro ruidoso estilo. Es cierto. En un país donde los perros apenas ladran y los padres regañan a sus hijos en un murmullo, nuestro tono de voz al hablar puede ser realmente molesto. Tengo un problema: yo hablo mucho y no pienso dejar de hacerlo. Lo único que se me ocurre es fingir que soy italiana (me parto!).






  

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